En 1054, sí existe una tradición consolidada de recitar unidas las dos salutaciones a María que recoge el Evangelio de Lucas, la del Arcángel Gabriel y la de Isabel, algo que conocemos bien gracias a Severo de Antioquía (m. 538) o San Juan Damasceno (m. 749), sólo a modo de ejemplo. Con lo que el Avemaría se reza en ese entonces así: “Dios te salve, llena ere de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”. Pero la oración se halla en un estadío tan temprano de su evolución que ni siquiera se le han incorporado todavía los vocativos “María” al inicio y “Jesús” al final, aportaciones que cabe atribuir al Papa Urbano IV, (1261-1264), y menos aún las rogativas contenidas en su segunda parte.
Aceptado, pues, que los católicos ortodoxos no recorren, por lo que al Avemaría se refiere, el mismo camino que recorren los católicos romanos, ello no es óbice, sin embargo, para que en el ámbito católico ortodoxo exista también una oración parecida surgida a partir del estadío en el que se hallaba su evolución en el momento en el que se produce la secesión.
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